jueves, 29 de abril de 2010

LA VIRGEN: SIGUE HABLANDONOS.


Otra vez la oración. La Gospa no deja de decir que oremos, de recordarnos que ella es intercesora. María nos ama, su corazón maternal nos bendice y nos acompaña. La intercesión de María se expresa en su amor. “La característica de este amor materno que la Madre de Dios infunde en el misterio de la Redención y en la vida de la Iglesia, encuentra su expresión en su singular proximidad al hombre y a todas sus vicisitudes. En esto consiste el misterio de la Madre”. (Juan Pablo II, Redemptor Hominis, 22). Nuestra Madre esta siempre cercana al sufrimiento, pero también a la consolación. En las Bodas de Cana dice: “No tienen vino” (Jn. 2, 3). Y ahora continua diciendo lo que le falta al hombre y Jesús continua obrando milagros por mediación de Nuestra Madre.

La oración es la respiración del cristiano. Un cristiano que no ora en verdad no ama, muere. La llamada a la oración la debemos descubrir en lo más profundo de nuestro ser. Y estamos obligados a responder. Nuestro mundo intenta apagar ese fuego, nosotros debemos buscar leña seca para avivarlo. El ayuno, la lectura de la Palabra, el mismo Rosario, son leña que encienden el amor en nosotros. Nuestro mundo atacará a la Iglesia, a nosotros por ser cristianos, intentará convencernos de que el dinero o el sexo son nuestro fin. Pero nosotros gracias al don del Hijo sabemos bien cual es nuestro sentido. Sólo alabando y sirviendo al Señor podemos obtener la vida eterna, la vida feliz. Nada más puede llenar nuestra vida.

jueves, 22 de abril de 2010

Saludo a la bienaventurada Virgen María

1Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia 2y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, 3en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien. 4Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya. 5Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya 6y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios.




miércoles, 21 de abril de 2010

PARTICIPACIÓN DE LOS FRANCISCANOS DE LA BENDICIÓN AL HERMANO BERNARDO

El otro día, una persona que tiene como sobrenombre BERNARDO, también de Quintavalle, me mandaba un comentario de JOAQUIN TAMAMES, el cual, como hijo que soy de SAN FRANCISCO, muy bien lo podría haber identificado como escrito suyo pues, toda la reflexión que Tamames hace sobre la importancia y los excelsos frutos espirituales de mandar y dar bendiciones por doquier, se pueden colegir y extraer del pensamiento del Santo de Asís sobre la BENDICIÓN. Aparte de la famosa y celebérrima bendición de San Francisco sobre la "ovejuela de Dios, el Hermano León, está la que impartió sobre su primer y más querido hermano, Fray Bernanrdo da Quintavalle:

1Escribe como te digo: 2El primer hermano que me dio el Señor fue fray Bernardo, y él fue el que primero comenzó y cumplió perfectísimamente la perfección del santo Evangelio distribuyendo todos sus bienes a los pobres; 3por lo cual y por otras muchas prerrogativas, estoy obligado a amarlo más que a ningún otro hermano de toda la Religión. 4Por eso, quiero y mando, como puedo, que, quienquiera que sea ministro general, lo ame y honre como a mí mismo, 5y que también los otros ministros provinciales y los hermanos de toda la Religión lo tengan en vez de mí.