Hemos presentado 2 TESTIMONIOS IRREFUTABLES; el del Padre Luis ANDREU, primer muerto de Garabandal, pero una muerte provocada por la INMENSA FELCIDAD QUE EXPERIMENTÓ AL VER A LA VIRGEN. El Padre era profesor de Teología en la Facultad que la Compañía de Jesús tiene en Oña (Burgos). Había hecho sus estudios en Oña, Innsbruck y Roma, y al fallecer contaba con 36 años. Había subido a Garabandal por primera vez en los últimos días del mes de julio de 1961, a instancias de la familia Fontaneda de Aguilar de Campoo, con quién pasaba unos días de descanso; el segundo, EL PADRE PIO, SANTO CARISMÁTICO, que cómo manifestó un día él, " SOY UN MISTERIOR HASTA PARA MÍ MISMO". Favorecido por Nuestro Señor con toda clase de Dones, Gracias, Fvores, Regalos y Milagros. Es posiblemente el Santo del Siglo XX, fiel, como dicen los Hebreos, "EMET", a su Padre y Fundador, SAN FRANCISCO DE ASÍS, el santo más grande de la Iglesia y el primer ESTIGMATIZADO de su historia.
Después de que la Virgen sellará sus Apariciones en San Sebastián de Garabandal con estos dos Testimonios, nosotros, pobres hombres llenos de debilidades, de dudas, de angustias, de flata de Confianza y de Fe, todavía seguimos poniendo en duda no sólo EL REGALO DE LA PRESENCIA DE NUESTRA SEÑORA EN GARABANDAL, durante más de cuatro años, en todas las horas del día y en cualquier parte del pueblo y cuando digo cualquier parte, lo hago en sentido literal y extensivo: Todas las casa del pueblo fueron visitadas y bendecidas por la Virgen, cada esquina, cada callejuela, cada piedra de este pequeño pueblecito fue bendecido por la Virgen, dejándonos, como YHVH dijo a MOISÉS, "descálzate porque esta tierra que pisas santa es".
Como diría el P. Luis Andreu, SJ :“D. Valentín, lo que las niñas dicen es la verdad, pero Vd. no lo diga todavía”. Y esta frase fue escrita esa misma noche por D. Valentín en su diario, antes de recibir la noticia de la muerte del Padre Luis M.
O como dijo EL PADRE PIO:
Mis queridos niños:
A las nueve de la mañana, la Santísima Virgen me encomendó que les dijera lo siguiente: «¡Oh benditas niñas de San Sebastián de Garabandal! Yo les prometo que estaré con ustedes hasta el fin de los siglos y que ustedes estarán conmigo durante el fin del mundo y después, unidos conmigo en la gloria del Paraíso.
Estoy enviándoles una copia del santo Rosario de Fátima, que la Virgen me pidió les enviara. El Rosario fue compuesto por la Virgen y debe ser propagado para la salvación de los pecadores y para la preservación de la humanidad de los terribles castigos con los que el buen Dios la amenaza.
Les doy un consejo: Recen y hagan que los demás recen porque el mundo está a comienzos de la perdición. No creen en ustedes ni en sus conversaciones con la Dama de Blanco; lo harán cuando ya sea demasiado tarde.
A.M.D.G. ET B.M.V.
MARIA MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA Ad Maiorem Dei Gloriam et Beatae Mariae Virginis A Mayor Gloria de Dios y de la Bienaventurada Virgen María.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
Padre Pío y el Milagro de Garabandal
El PADRE PIO, místico y con su misión co-redentora, no sólo recibió de la Virgen la CONFIRMACIÓN DE QUE ELLA SE ESTABA APARECIENDO, A CUATRO NIÑAS EN UN PUEBLECITO DE LA MONTAÑA CÁNTABRA, SAN SEBASTIÁN DE GARABANDAL. El Padre Pío se vió inmerso en los acontecimientos de Garabandal por deseo expreso de la Santísima Virgen y por esto se le apareció a él para manifestárselo.
En octubre 16 de 1968, Conchita recibió un telegrama de Lourdes, proveniente de una mujer de Roma a quien Conchita conocía. El telegrama pedía a Conchita ir a Lourdes a recibir una carta del Padre Pío dirigida a ella. El Padre Alfred Combe y Bernard L'Huillier de Francia estaban en ese momento en el pueblo y accedieron a llevar a Conchita y a su madre a Lourdes. Partieron esa misma noche. Con el afán, Conchita olvidó su pasaporte. Al llegar a la frontera fueron detenidos durante seis horas, y sólo gracias a un pasaporte especial, firmado por el Governador Militar de Irun, pudieron pasar la frontera hacia Francia.
En Lourdes se entrevistaron con los emisarios del Padre Pío de Italia, entre los cuales estaba el Padre Bernardino Cennamo, O.F.M. El Padre Cennamo no era realmente de San Giovanni Rotondo, sino que pertenecía a otro monasterio. Era, sin embargo, bien conocido por el Padre Pío y por el Padre Pellegrino; éste último fue quien cuidó al Padre Pío durante sus últimos años y quien transcribió la nota para Conchita dictada por el Padre Pío.
Al regresar a casa Conchita decidió escribir sobre el incidente a un amigo en Madrid. De nuevo nos referimos a lo dicho por Conchita en la entrevista de NEEDLES de 1975:
... Tenia el velo ante mis ojos mientras escribía cuando, de repente, toda la habitación se llenó con una fragancia. Había oído sobre las fragancias del Padre Pío, pero nunca les había dado mayor importancia. El cuarto entero olía con un perfume tan fuerte que comencé a llorar. Era la primera vez que experimentaba esto. Ocurrió después de su muerte.
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EL PADRE PIO VIO EL MILAGRO
jueves, 28 de octubre de 2010
-“Hoy he recibido una prueba ciertísima; lo que las niñas dicen es verdad”.
El 8 de Agosto de 1961, acompañado de unas 20 personas de Aguilar de Campo, el Padre Luis María Andreu llegó a San Sebastián de Garabandal para presenciar los acontecimientos que estaban ocurriendo allí.
Esta era su tercera visita, y sería también la última.
EL PADRE LUIS ANDREU VE A LA VIRGEN:
Conchita: – “¿Sabes lo que te quiero decir? Tienes que dar una prueba. Les diste una prueba a la gente en Lourdes y en Fátima”.
Poco antes de terminar el éxtasis, la Virgen les dijo a las niñas que habría otra aparición esa tarde. Nuestra Señora no les había respondido a las videntes cuando le pidieron una prueba, aunque en casos semejantes, lo había hecho con palabras tales como “ya creerán”.
Esa tarde, como todas las tardes en San Sebastián de Garabandal, el rosario se rezó en la Iglesia de la aldea. Y después, aún en la Iglesia, las videntes cayeron en éxtasis. Al salir del templo se detuvieron y rezaron en distintos lugares, tal y como lo habían hecho antes en otras ocasiones.
Cuando llegaron al sitio en que se esperaba que terminase la aparición, las videntes, inesperadamente, subieron por una ladera de mucha pendiente que conduce a un pequeño Pinar, de nueve pinos, en un cerro sobre la aldea.
Es precisamente en estos pinos donde tendría lugar el gran milagro que se había profetizado, que dejaría una señal sobrenatural, permanente y visible, y donde se debería construir una capilla en honor de San Miguel Arcángel.
Era un martes, alrededor de las diez de la noche y el Padre Luis se encontraba entre la muchedumbre que seguía a las videntes.
Tan pronto como las niñas llegaron al Pinar, Loli habló de la capilla que habría de construirse en honor de San Miguel Arcángel, Protector del Pueblo de Dios, es decir, la Iglesia Universal.
Se arrodillaron, cantaron un cántico en honor de San Miguel: San Miguel Arcángel, gran batallador… Y besaron a la Virgen María.
Durante el diálogo entre las niñas y Nuestra Señora, Conchita de nuevo volvió a pedirle una prueba, como había hecho antes esa misma tarde; decía a la Virgen:
- “Como no dimos ninguna prueba la gente no cree”.
Y mientras las niñas seguían en éxtasis sucedió que el Padre Luis, que había estado observando a las niñas con mucha atención, se sintió repentinamente invadido de una honda emoción y le oímos decir cuatro veces y con una voz muy alta:
-“¡Milagro!”.-“¡Milagro!”.-“¡Milagro!”.-“¡Milagro!”.
El P. Luis tenía un aspecto tan grave, tan serio y tan emocionado que Pepe Díez, le dijo al Padre François Turner, que por un momento sus compungidas facciones tenían la apariencia de una “enorme lágrima”.
Hubo además un aspecto singular de este éxtasis del Padre Luis que relatan las videntes:
- “Podíamos verle. En nuestros éxtasis nunca veíamos a nadie, excepto a la Santísima Virgen. Pero vimos al Padre Luis, y la Santísima Virgen nos dijo que él también la veía a Ella y veía el Milagro”.
Conchita también mencionó este acontecimiento en una carta dirigida al Padre Ramón Andreu, el 27 de Noviembre de 1964:
- “Y la Virgen nos dijo entonces que él la estaba viendo y que veía también el Milagro que Dios Nuestro Señor iba a hacer”.
El sacerdote jesuita Padre Luis María Andréu fue el primer sacerdote que vio a la Virgen de Garabandal al mismo tiempo que la veían las niñas.
La Virgen le dijo que pronto estaría con Ella en el Cielo y cuando bajó del pueblo dijo al párroco D. Valentín:
-“Hoy he recibido una prueba ciertísima; lo que las niñas dicen es verdad”.
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